25.8.13

Theodor Storm "Der Schimmelreiter"

Me regalaron este libro cuando tenía 11 años y me atrapó. Lo leía una y otra vez. Nunca supe donde transcurrían los hechos debido al escaso conocimiento de geografía que tenía. 
Luego lo olvidé y la vida continuó. 
A los 38 años llegué al norte de Alemania, que es adonde vivo actualmente. Una noche, escuchando un programa de radio, un narrador relataba "El jinete del caballo blanco" y ahí descubrí adonde transcurrían los hechos: en el norte de Alemania.

"Jetzt aber kam auf dem Deiche etwas gegen mich heran; ich hörte nichts; aber immer deutlicher,
wenn der halbe Mond ein karges Licht herabließ, glaubte ich eine dunkle Gestalt zu erkennen, und
bald, da sie näher kam, sah ich es, sie saß auf einem Pferde, einem hochbeinigen hageren
Schimmel; ein dunkler Mantel flatterte um ihre Schultern, und im Vorbeifliegen sahen mich zwei
brennende Augen aus einem bleichen Antlitz an.
Wer war das? Was wollte der? - Und jetzt fiel mir bei, ich hatte keinen Hufschlag, kein Keuchen
des Pferdes vernommen; und Roß und Reiter waren doch hart an mir vorbeigefahren!
In Gedanken darüber ritt ich weiter, aber ich hatte nicht lange Zeit zum Denken, schon fuhr es von
rückwärts wieder an mir vorbei; mir war, als streifte mich der fliegende Mantel, und die Erscheinung
war, wie das erste Mal, lautlos an mir vorübergestoben. Dann sah ich sie fern und ferner vor mir;
dann war's, als säh ich plötzlich ihren Schatten an der Binnenseite des Deiches hinuntergehen."
 "Entonces vi que por el dique venía algo a mi encuentro; yo
no oía nada, pero, cada vez más distinta cuando la luna proyec-
taba su escasa luz, creí reconocer una figura oscura, que, al fin,
dada la rapidez con que se acercaba vi que marchaba sobre un
caballo, un caballo blanco, esquelético, de largas patas; un capo-
te oscuro envolvía el cuerpo de la figura y, al pasar volando, me
miraron dos ojos llameantes, hundidos en una faz pálida.
¿Quién sería? ¿Qué querría? Y entonces me di cuenta de
que yo no había oído ningún ruido de cascos, ningún resoplido
de caballo, y eso que jinete y caballo cruzaron casi rozándome.
Pensativo seguí mi camino; pero no tuve tiempo de cavilar
mucho; nuevamente pasó por mi lado el misterioso jinete, que
retrocedía, y hasta me pareció como si me rozara su flotante
capote; la aparición cruzó como la primera vez, silenciosa. Lue-
go la vi alejarse más y más y bajar de pronto su sombra por el lado 
de tierra del dique".